Andrea Abreu López

Nací en 1995 en Tenerife pero vivo en Madrid. Soy periodista y curso un máster en Periodismo Cultural y Nuevas Tendencias en la URJC. Soy redactora y coordinadora para la sección de Madrid de la revista Liberoamérica. Además, he colaborado y colaboro con diversos medios como Tentaciones (EL PAÍS), Oculta Lit o LOLA (BuzzFeed). Me interesan la literatura y los géneros interpretativos del periodismo. Intento enfocar mis artículos desde una perspectiva transversal y con mirada de género.


He publicado el poemario "Mujer sin párpados" (Versátiles Editorial, 2017) y el fanzine "Primavera que sangra". Mis textos han sido incluidos en varias revistas digitales y en papel. También en antologías como "Macaronesia" de La Galla Ciencia, "Los muchachos ebrios, antología de poesía jovencísima transoceánica" de La Tribu, "Muestra de poesía canaria" en Círculo de Poesía o "Perdone que no me calle. 62 autoras canarias denuncian la violencia contra las mujeres".

A propósito de Clavícula, Andrea Abreu

Tengo un dolor que me acompaña y que a la vez es muchos dolores. Va cambiando de nombre. A veces se llama migraña, otras endometriosis, dismenorrea, colon irritable, gases, costilla inflamada, calambre, contractura, insomnio. Las curas son variadas y nunca tratan el inicio de la herida. Esos tratamientos también cambian de apelativo: buscapina compuesta, paracetamol, ibuprofeno, enantyum, abrazo, llorar, chocolate. Pero no arrancan la ortiga de raíz, solo la toman por la puntita de las hojas y c

Endometriosis: cuando la regla nos duele (y mucho) y nadie se lo termina de creer

Durante la adolescencia siempre supe que había algo extraño en mis reglas. El dolor que yo sentía no era un pinchacito que avisa de que es momento de ponerse una de esas compresas que incorporan fragancia de bolsa de basura. Las punzadas que experimentaba en la pelvis —y que experimento— eran incapacitantes. Gritar “¡Mamá!” o pedir que alguien me matase de una vez por todas eran las dos cosas que me venían a la cabeza durante cualquiera de esas crisis. A medida que fui creciendo, cada vez era má

Entrevistamos a Sabina Urraca y a su perra Murcia

Murcia es marrón. Tan marrón que asusta. Sorprende su capacidad de ser toda homogénea. Sus ojitos castaños con forma de botón del mando de la tele, sus patas, sus tetitas, sus orejas que son suaves como las de un peluche, su nariz. Su marronez combinada con el collar hace que parezca una Coca-cola con su respectivo precinto rojo. Rojo como la correa que lleva en la mano Sabina Urraca y que hace las veces de cordón umbilical que lo mismo las une o las desune. Sabina (San Sebastián, 1984) e

«Ser gogó», un relato de Andrea Abreu López (España, 1995)

Yo pensaba en un señor musculado, sin camisa, apoyado en una pared de ladrillos con uno de sus brazos detrás de la nuca, muy depilado y con un mechón de pelo mojado delante de la cara. Y eso era el polstergeit en mi mente: lo sensual, lo prohibido, la lascivia, el pitido de la señal roja del no recomendado para menores de 18. Cuando era pequeña, pensaba que un polstergeit era un póster gay, un afiche un tanto pornográfico, y que por eso mis padres no me dejaban ver la serie de CD sin carátulas q

La sangre o la barba, por Andrea Abreu López (España, 1995) ~

En el momento de mi nacimiento, mi padre no estaba allí. Tal vez porque temía que la sangre que me trajo al mundo le saltase directo a la cara. Como cuando se aprieta demasiado el bote de kétchup y ya luego no hay remedio que sirva. O puede que porque tenía demasiada barba y no se hallaba presentable para recibirme, por lo que, mientras yo lloraba para avisar que estaba viva, él se estaba acicalando. Para ser fiel al desarrollo de los acontecimientos, debo tener en cuenta ambas posibilidades. D

Aida González Rossi: «Creo que mi vida es una amalgama de cosas que he leído, leo y leeré»

Hay un sonido metálico en los textos de Aida González Rossi parecido al traqueteo de un tren sobre las vías. Hay una ciudad inabarcable dentro de ese traqueteo. Una ciudad paralela hecha de esquinas muy filosas y de curvas curvadas. Trac trac trac trac. En 1995, a Granadilla de Abona (Tenerife) llegó la que, para muchos, se ha convertido en una de las voces más potentes de la literatura canaria de nuestros días. La escritura de Rossi es la de una persona que recientemente ha encontrado el univer

Las voces de la sangre

En la fotografía se muestra una escena cotidiana aunque muchas veces invisible. Una mujer, tumbada de espaldas a la cámara, descansa encogida. En la parte trasera del pantalón de pijama, hay una mancha rojo granate que coincide de forma exacta con otra mancha de las mismas dimensiones y color en la sábana bajera de su cama. Rojo con rojo. Causa y consecuencia. La sangre menstrual es el centro del universo en esta foto. Una pequeña parcela de color tan agudo. Casi negro. La mujer de la foto es R

Vivian Gornick, maestra de la autobiografía

Tomo el libro entre las manos y con la punta de los dedos repaso el dibujo que dejó el jugo de frambuesa al derramarse dentro de mi mochila. El lomo de este libro está manchado de un morado que es casi rojo, como la sangre. Ahora mismo, pienso en lo lejos que está situada mi madre en el globo terráqueo. Recuerdo el color de sus labios, sumerjo las uñas entre las páginas y elijo una al azar: “—Os estáis haciendo viejos los dos —contestó—. Tú y tus temores”. ¿Cómo ponerle nombre a un sentimiento t

Cuatro poemas de Andrea Abreu López (España, 1995)

Andrea Abreu López (Tenerife, 1995). Estudia último año de Periodismo en La Universidad de La Laguna y escribe poesía. Sus textos han sido incluidos en varios fanzines y revistas digitales y en papel, también en antologías como Macaronesia de la revista La Galla Ciencia,  Los muchachos ebrios, antología de poesía jovencísima transoceánica de La Tribu, Muestra de poesía canaria en Círculo de Poesía o Perdone que no me calle, 62 autoras canarias denuncian la violencia contra las mujeres. Es autora

Dos poemas de Andrea Abreu López (España, 1995)

paseo por la herradores con un libro de anne carson pegado al brazo plegado con delicadeza como un pañuelo valiosísimo sorprendentemente estoy hablando sola y veo otras locas aproximarse que también hablan con sus espíritus en la noche en la calle de la ciudad despierta no ha parado de llover desde esta mañana intento escribir pero no hago otra cosa que observar esas lámparas que cuelgan del techo como mocos translúcidos y fríos prohibido hablar, esto es una bibli